viernes, 19 de junio de 2015

Los tratamientos oncológicos triplican el riesgo de complicaciones cardiovasculares

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El simposio de cardio-oncología que se celebra estos días destaca que el daño es reversible si se detecta a tiempo

La tasa de supervivencia de los pacientes con cáncer se ha incrementado en los últimos años, hasta llegar al 90% de curación en algunos casos o a convertirse en una patología crónica en otros. Esto ha permitido detectar problemas que antes pasaban inadvertidos. Uno de ellos, que ha merecido atención preferente en el último congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica, es el efecto tóxico para el corazón de algunos de los tratamientos para vencer el cáncer. 

En algunos casos el riesgo de complicaciones cardiovasculares a largo plazo se triplica y muchas veces aparecen varios años después de que el paciente haya vencido el tumor, disminuyendo su calidad de vida. De hecho la toxicidad cardiovascular por los tratamientos oncológicos es la causa más frecuente de mortalidad en mujeres que sobreviven a un cáncer de mama o a un linfoma de Hodgkin. 

Para atajar esas complicaciones y alertar a los especialistas en oncología y cardiología de los retos en el tratamiento de los pacientes con cáncer, la Sociedad Española de Cardiología y la Fundación Española del Corazón, junto con la Fundación Ramón Areces y la participación de la Sociedad Española de Oncología Médica han organizado el I simposio internacional de cardio-oncología. 

Más de 300 especialistas de varios países debatirán sobre la mejor manera de cuidar a los pacientes oncológicos y la necesidad de detectar precozmente los problemas cardiacos por la toxicidad de la quimio y radioterapia para las céluas del corazón. Y es que la cardiotoxicidad secundaria al tratamiento oncológico es una causa evitable de insuficiencia cardiaca y casi en un 80% de los casos la detección y el tratamiento precoz mejora la supervivencia libre de complicaciones de las personas que han vencido al cáncer. Por el contrario, si se interviene cuando los síntomas afloran, la probabilidad de recuperación completa se reduce a pesar de recibir un tratamiento óptimo.

Cuando un paciente llega a una unidad de oncología, lógicamente la atención se centra en el tratamiento del cáncer, pero se cuida poco la parte cardiovascular. “Esa es la realidad del 80% de los centros en España, e incluso en Estados Unidos, donde existen unidades específicas de cardio-oncología. En algunos casos, los facultativos aconsejan abandonar el tratamiento de patologías cardiovasculares previas. 

Es cierto que estos pacientes, con el tratamiento oncológico, a veces tienen alteraciones, como bajadas de tensión o más cansancio. Hasta ahora se interpretaba que parte de estos problemas podían deberse a los fármacos habituales para tratar las patologías cardiacas o la hipertensión. Sin embargo, en muchos casos pueden resolverse ajustando la medicación a la nueva situación del paciente, sin necesidad de suspenderla”, advierte la doctora Teresa López, del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario La Paz, de Madrid, y coordinadora del programa científico del simposio. 

Y es que, “la mayoría de los fármacos que toman los pacientes para regular su tensión arterial protegen el corazón de los efectos secundarios de la quimioterapia. Tal vez haya que reducir la dosis, para que siga el efecto protector sin producir bajadas de tensión arterial importantes”, explica López. 

De igual forma no controlar el colesterol durante el tratamiento, descuidar la alimentación o prescindir del ejercicio físico tienen consecuencias para el corazón, y puede acarrear problemas años después. De hecho, explica la doctora López, “la creación de la Unidad de Cardiooncología de La Paz, la única especializada en España, tiene su origen en los problemas clínicos que estábamos encontrando en los supervivientes de cáncer. Encontrábamos pacientes de 50 años que, diez años después de vencer un cáncer de mama, 

llegaban con insuficiencia cardiaca grave y con pérdida de fuerza del corazón severa. Y en ese caso, aunque las pacientes mejoran, solo hay una recuperación parcial, pero no una normalización”.

En ocasiones las complicaciones cardiacas aparecen durante el tratamiento del cáncer, obligando a suspenderlo o modificarlo en un 20% de los casos. Sin embargo, cuando se piensa en la posible aparición de estas complicaciones y se detectan a tiempo es posible reducirlas sin que interfieran con con la oncoterapia, explica Juan Carlos Plana, cardiólogo del Baylor College of Medicine de Houston. 

Para la detección precoz hay marcadores específicos, que ponen sobre la pista de que el corazón empieza a resentirse, a pesar de que no haya síntomas clínicos. Hay proteínas que se detectan en sangre (biomarcadores) que cuando se elevan indica que están muriendo células cardiacas por efecto de la oncoterapia, y delatan la presencia de una lesión que aún no da síntomas y puede atajarse antes de cause daños irreversibles.

También hay novedades en técnicas de ecocardiografía, que permiten medir la deformación del corazón cuando late. “Tenemos la idea de que el corazón expulsa la sangre juntando sus paredes, y no es así. Se contrae de la misma forma que escurrimos una bayeta de la cocina, con una cierta torsión. Y esa torsión da idea de su eficiencia. El ecocardiógrafo básico no tiene en cuenta esa torsión. Y el corazón tiene que estar muy afectado para que se detecten las anomalías y en ese caso el tratamiento es menos efectivo”, explica. Sin embargo, la nuevas técnicas de ecografía permiten detectar las alteraciones de la torsión de forma precoz y el tratamiento impide que el corazón sufra un disfunción ventricular.

El paciente tiene que estar involucrado en este proceso, y preguntar a su médico por los daños que el tratamiento oncológico puede producir en el corazón y qué puede hacer para minimizarlo, destaca Miguel Ángel García Fernández, secretario de la Sociedad Española de Cardiología. Además debe informar a su oncólogo de sus antecedentes cardiológicos y otras enfermedades crónicas que aumenten el riesgo cardiovascular, como hipertensión o diabetes. 

En cuanto a los síntomas que puede percibir el paciente durante el tratamiento oncológico o con posterioridad a este que pueden delatar que el corazón está siendo afectado, la doctora Pilar Zamora, oncóloga del Hospital La Paz, destaca papitaciones, taquitardia, aumento de la tensión arterial, mareos o cualquier otro síntoma que no sepan a qué atribuir. 

Fundamental, destacaron los especialistas, la colaboración estrecha entre cardiólogos y oncológos y la creación de unidades de cardio-oncología en nuestro país. Además incidieron en la importancia de elaborar protocolos que ayuden a controlar factores de riesgo como la hipertensión, la glucemia, el colesterol y la función cardiaca mediante técnicas de imagen y biomarcadores. Unos protocolos que son esenciales para el diagnóstico precoz del daño cardiaco y la mejora de los resultados cardiológicos de las terapias oncológicas. 

Pilar Quijada
http://www.abc.es 

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