domingo, 16 de diciembre de 2012

Tierra muerta

 
 
 
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El calentamiento global y los agujeros pasan a un segundo plano
Ante los científicos y ecologistas se plantea una tarea mucho más grave de los momentos actuales: la ampliación de los desiertos. Con cada año que pasa aumenta la cantidad del suelo inapropiado para la agricultura y la vida. La ONU que comenzó la lucha contra la desertificación en 1977, no está en condiciones de parar este proceso. 
Según cálculos de los científicos, cada minuto, debido a la actividad del hombre, veintitrés hectáreas de tierra se convierten en desierto. La hacen inservible no solo la industria extractora y la agricultura, sino también la ausencia del debido cuidado, de trabajos de recuperación. El actual nivel de desarrollo de la ciencia permite al hombre mejorar la situación en los desiertos naturales, pero esto no se hace prácticamente, declaró Alexander Chumakov, vicepresidente de la organización ecológica “Cruz verde”. 
En la zona de desiertos y semi-desiertos hay suficiente humedad para solventar todos los problemas. Pero la estructura de la llamada reserva vertical de temperatura no permite condensar esta humedad. Ella pasa sobre dichas zonas y no cae nunca allí o cae muy rara vez. No existen condiciones para que se formen nubes. Hablando con propiedad, la humanidad podría luchar con tal estado de cosas. Y ya existen ejemplos de cómo hacerlo. Francia estudiaba estas cuestiones en sus ex territorios de ultramar, por ejemplo en Argelia. De estas cuestiones se ocupa Israel. Allí hay el desierto del Néguev, donde está situado un polígono para crear nubes artificiales y generar precipitaciones de estas. 
Ahora la desertificación afecta muchas regiones. Zonas muertas han comenzado a aparecer en EEUU, en países asiáticos. La peor situación se registra en África. Allí áreas de suelo infértil aumentan con rapidez. La desaparición de embalses naturales empeora la situación ecológica. Hay varios proyectos de salvación, por ejemplo, del lago Chad (en África Central). Pero todos ellos quedan sobre papel, considera el especialista en la historia de los países de Asia y África Alexander Voyevodski. 
Los países limítrofes con el lago no pueden resolver esta tarea con sus propios medios. Los estados: Chad, Níger y Nigeria no tienen suficientes finanzas para dar solución a este problema, en particular encauzar parte del agua del río Congo hacia el Norte, a fin de remediar la situación. Se requiere asistencia de la comunidad internacional, pero es cuestión de otro nivel. 
El problema ecológico se convierte en el social. Si continúa la ampliación de los desiertos, el territorio de varios países de África Central, por ejemplo, se convertirá en tierra muerta. En tal caso, los “refugiados ecológicos” en masa cruzarán las fronteras nacionales. Y de momento es difícil imaginarse cómo van a superar tal situación los políticos y los pueblos.

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