jueves, 22 de agosto de 2013

Fukusima: de mal en peor…

 

Fukushima

Los ejecutivos de Fukushima1 admitieron que la central nuclear japonesa sufre la peor fuga de agua radiactiva desde 2011, así que el océano Pacífico corre un alto peligro de contaminación nuclear. Mientras tanto, ya se han registrado dieciocho casos de cáncer de tiroides infantil. Los médicos suponen que otros veinticinco niños podrían padecer la misma enfermedad. De todas maneras, todavía no hay nada que indique que el cáncer fuera provocado por la radiación emitida por la avería ocurrida en la central nuclear.

La Autoridad de Regulación Nuclear (ARN) nipona elevó el nivel de alerta al tercer grado. Esta decisión debe ser aprobada por los expertos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
En la provincia de Fukushima, todos los menores de dieciocho años son sometidos a examen médico para revelar las enfermedades oncológicas. Está previsto que los médicos examinarán a cerca de trescientas sesenta mil personas.

El agua radiactiva utilizada para enfriar los reactores se filtra de tanques deteriorados, lo que supone un peligro muy grave. Antes, los portavoces de TEPCO, la operadora de la central nuclear, anunciaron que las muestras de aguas subterráneas y agua de mar recogidas cerca del segundo bloque de Fukushima contienen una descomunal cantidad de estroncio y tritio. Comenta la situación Vladímir Chúprov, responsable del programa energético Greenpeace Russia:
–Son unas trescientas mil toneladas de agua contaminada que sigue almacenada en la planta nuclear, y trescientas toneladas que se vierten a diario al océano. Esparcidas por las corrientes, las partículas radiactivas alcanzan las costas de los países bañados por las aguas del Pacifico. No obstante, los altos niveles de radiación no llegan hasta EEUU o Rusia.

El océano corre un peligro muy grave. Según Vladímir Chúprov, aunque el nivel de radiación sea aceptable, las algas que acumulan las substancias nocivas y peces que se alimentan con las algas, podrían aumentar diez veces la concentración de partículas radioactivas en el agua.
Ígor Ostretsov, responsable de eliminar las consecuencias del siniestro en la central nuclear de Chernóbil, advierte del riesgo que corre la parte norteña del Pacifico:
–Hay que tener en cuenta que estas fugas suceden constantemente tras el accidente en Fukushima. Ya que la central no tiene capacidad para almacenar tanta cantidad de agua, utilizada para enfriar los reactores, la vierte al océano. Por más riguroso que sea el control, la situación se irá agravando haciendo inaprovechables los recursos marítimos.

China expresó su extrañeza ante lo ocurrido. “China espera que Japón tome todas las medidas indispensables para neutralizar las consecuencias del accidente”, afirman los medios aludiendo a la declaración oficial del gobierno de China.
Un fuerte terremoto que se produjo el 11 de marzo de 2011 y el posterior tsunami provocaron el accidente en la planta nuclear Fukushima 1. Se registraron varias explosiones y la filtración de partículas radiactivas al medio ambiente. Los ejecutivos de la planta insisten en que eliminaron las consecuencias del siniestro. Ahora los expertos nipones recalcan que este proceso requerirá unos treinta-cuarenta años más.

Los analistas rusos dudan de que los japoneses sean capaces de impedir la contaminación del océano por su propia cuenta. Vladímir Sliviak, el copresidente del grupo ecologista internacional ¡Ekozaschita! (¡Protección ecológica!) y el autor del libro Desde Hiroshima hasta Fukushima, comenta:
–Lamentablemente, hoy por hoy, es imposible aislar esta central, impidiendo así la contaminación radiactiva del ambiente. Es imprescindible desarrollar las tecnologías para prevenir semejantes catástrofes en el futuro.

Ígor Ostretsov está convencido de que la única manera de remediar la situación pasa por esfuerzos mancomunados y la elaboración de programa de rehabilitación.
El accidente en Fukushima 1 se considera el más grave sucedido durante los últimos veinticinco años, tras el de Chernóbil (1986).
Ahora Japón aprende de especialistas soviéticos que acudieron a Chernóbil en los primeros días del siniestro. Científicos ucranios y japoneses idearon un proyecto que permitirá monitorear las zonas cercanas de Fukushima y recoger los datos necesarios. El proyecto se pondrá en marcha el año que viene.

Foto: EPA

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