viernes, 22 de junio de 2012

Adiós, gordura cubana














Aunque no son ricos, los cubanos tienen problemas de sobrepeso que intentan resolver 

Borrón y cuenta nueva. ¡Adiós a la gordura! Bajo este lema empezó la guerra de Julio César, un habanero de 43 años que se cansó de su sobrepeso. A pesar del sofocante calor que hace en la capital cubana en verano, Julio César va diariamente a un gimnasio al aire libre en busca de salud. “Si bajo bien, pero, bueno, no es la más grande preocupación, la gordura es mala, no? Si bajo bien, pero por lo menos el ejercicio continuo te ayuda para estar un poco más saludable. Respiración, cardiovascular, etcétera, ¿me entiende?”. 

El problema de Julio César es palpitante para muchos habitantes del país caribeño. Según los datos oficiales, hoy en día prácticamente la mitad de la población tiene un cierto grado de sobrepeso. Los especialistas no lo relacionan tanto con la falta de actividad física, sino con las costumbres alimenticias de los isleños. Los platos que gozan de popularidad entre los cubanos destacan por una cantidad muy grande de calorías y grasa. Y no es que los isleños necesiten más energía que los demás, sino que así lo dicta la tradición culinaria. Además, muchos cubanos a menudo simplemente no distinguen los alimentos saludables de los que pueden ser verdaderos enemigos de su figura. 

Aparte de las costumbres que se formaron en la isla, el embargo impuesto sobre su economía marca de manera significativa el menú de los ciudadanos. Según los expertos, si no fuera por las limitaciones que sufre Cuba, en la mesa habría productos de mejor calidad. “En la esfera de la alimentación tenemos que importar una gran cantidad de alimentos”, explica Santa Jiménez Acosta, profesora en ciencias médicas. “Si lo pudiéramos traer desde lugares más cercanos, esto abarataría el costo, se podría mejorar la variedad y el acceso económico a muchos de ellos”. 

 Desde 1963 el ciudadano cubano obtiene los productos básicos por los precios subsidiados. Por ejemplo, medio kilo de azúcar comprado con la libreta de racionamiento no llega a costar un centavo de dólar estadounidense. Sin embargo, la lista de estos alimentos es muy limitada. Por lo general, lo que compran los isleños son productos importados, cuyo precio varía de manera drástica de los de la canasta estatal. Teniendo en cuenta que el salario promedio en Cuba es de unos 18 dólares, podría parecer algo paradójico el número de personas que padecen de obesidad hoy en día. 

Los especialistas en nutrición lo vinculan con el crecimiento del nivel de vida de los cubanos, en comparación con el llamado período especial en los años 90, cuando se registró una disminución del peso promedio de la población. “Las medidas de limitación que tuvo la población en el período especial no fueron medidas conscientes desde el punto de vista de la educación nutricional, sino debidas a la situación económica”, continúa Acosta. “Y por eso es importante la educación alimentaria y nutricional para cuando exista una amplia variedad de productos y un acceso económico para todos por igual, para que la población sepa seleccionar adecuadamente lo que se debe consumir para evitar que haya un rebote de sobrepeso y obesidad”. Cuba no se encuentra entre los diez primeros estados latinoamericanos con los índices de obesidad más altos. En esta carrera por la silueta atractiva deja atrás y con mucha diferencia a países como México, Venezuela o Guatemala. Aunque la alarmante tendencia a engordar hace sudar cada vez a más isleños no solo por el calor tropical, sino por los frecuentes ejercicios físicos. 

 RT / Yuri Barankov

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